NOTICIA
La gestión del agua en España es fuente de mucha discrepancia. Pero, lo que está claro, es el futuro tan seco que nos espera, si no se actúa de forma organizada y efectiva.
Escasez y carestía es el razonamiento que plantea Bruselas: primero fué la energía (los precios del petróleo, el gas y la electricidad aumentaron debido a la gran dependencia energética con el exterior); segundo, el medioambiente ("Quien contamina paga", debido al calentamiento global del planeta); y ahora es el turno del agua("Su consumo desproporcionado y el cambio climático colocan a la UE ante un horizonte muy seco, de modo que la medida, es también, "quién consume paga").
Si no queremos sufrir daños irreversibles, para el 2010 se debe actuar ya. Por ello, y para dar solución a lo que se nos avecina, la UE propone varias medidas al respecto:
- Concienciar: a la población para que se haga un consumo racional
- Mejorar la distribución y la disponibilidad del agua, mediante la construcción de nuevas presas, desaladoras y depuradoras
- Incrementar los precios y adecuarlos a los costes reales de los servicios.
Aunque en los diferentes países europeos los precios del agua siguen siendo muy dispares, las tarifas tienden a unificarse. El objetivo comunitario es que el precio del metro cúbico, para los niveles de consumo doméstico, oscile entre los 2 y 3 euros. A nivel nacional, encontramos unas diferencias abismales que, en algún caso, llegan hasta un 426%, entre lo que paga una localidad con respecto a otra.
¿Qué se ha hecho hasta ahora?
En cuanto a la concienciación no se han conseguido grandes avances. Según asegura Greenpeace, el consumo medio de agua, por habitante y día en España, es de 250-300 litros, el tercero más elevado del mundo. La OMS (Organización mundial de la salud), por su parte, establece en 50 litros la cantidad mínima de agua por persona y día.
Como medida para asegurar el suministro del agua, se han construido presas y pantanos, así como instalaciones de desalinización de agua de mar o de extracción de aguas subterráneas.
Y, en cuanto al precio, aunque la Unión Europea plantea un incremento del precio, éste es, sin duda, un debate muy dificil y controvertido que las instituciones tendrán que gestionar. Por un lado, incrementar el precio del agua, daría lugar a una mayor concienciación de ahorro por parte de la ciudadanía y, a priori, parece justo que quien más consuma, más pague. Sin embargo, ¿Sería políticamente correcto que el acceso al agua fuese una cuestión de poder adquisitivo?
La desertización es inminente y la naturaleza no entiende, ni de justicia ni de política, por lo que el agua debe costar lo que vale.
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Agua: Oro líquido de primera necesidad
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